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VARIACIÓN SOBRE LA CARTA JEROGLÍFICO DE R. GIOBBI

Por Kim Gázquez

La carta jeroglífico es un juego con muchas posibilidades para los que nos gusta ir en la línea más (por llamarle de alguna manera) “dramatúrgica” de la magia (a parte de la multitud de gags que permite). Sin embargo, la versión de Giobbi tenía como inconveniente un sistema para localizar las cartas que me pareció demasiado rebuscado para un juego que pedía a gritos sencillez en el manejo.

Mi variación es la siguiente:

Tengo preparada la carta a forzar la primera en bottom y la carta jeroglífico la segunda en bottom (la parte de los jeroglíficos donde irían los dorsos). Hago un forzaje mediante mezcla hindú y, tras haber mostrado la carta, todo el paquete que tengo en la mano va directamente sobre el paquete de cartas que he desechado durante la propia mezcla. Esto deja a las dos cartas perdidas, pero juntas, a la par que me brinda un forzaje más limpio. Ahora, para localizar las cartas, sólo hace falta un poco de teatro y cara dura. Yo, tras hablar de los jeroglíficos, los egipcios y la madre que los engendró, anuncio que para adivinar la carta me serviré de la ayuda de una carta jeroglífico que siempre llevo en mi estuche…, frase que queda incompleta al descubrir con estupor que en el estuche no hay nada. Contrariado, busco la carta jeroglífico por todas partes, hasta que caigo en la cuenta que antes he estado haciendo el mismo juego y que quizás la carta esté en la baraja. Maldiciendo por mi mala cabeza y exprimiendo al máximo el pensamiento del público de “ahora sí que no le va a salir”, localizo por los dorsos la carta jeroglífico, que aparto encima de la mesa. Al recomponer la baraja, invierto el orden original de los paquetes y… ¡voilá! carta forzada en top, lista para seguir el juego.

La idea surge del “Año del Amor” de Tamariz, en el que una carta previamente vuelta por él le hace de guía para todo el meollo que lleva preparado. Lo más interesante del “Año del Amor” es cómo Tamariz te lo cuela como accidente, y esa es la clave, puesto que si no somos convincentes en este punto y lo explotamos a nuestro favor, nadie se lo va a tragar. En resumen, mucho morro y grande dosis de “auotdespiste”.

Kim Gázquez

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